7/20/2013

Ángel Santiesteban Prats encarcelado en Cuba



Conocí a Ángel Santiesteban Prats en 2008 en la Feria del Libro de República Dominicana. En nuestro encuentro causal, conversamos varios temas de literatura, pero también de Cuba y de la crítica abierta que mantenía este autor sobre el régimen en la isla.

En aquella ocasión, intercambiamos libros y Ángel me dio un ejemplar de Sur:Latitud 13, colección de relatos de la intervención cubana en el conflicto armado en Angola. En aquel tiempo, estando yo en mis veintes y visitando mi primera feria fuera del país, le agradecí a Ángel, autor galardonado, que me tratará como a un par.Aún así, confieso que en aquel momento guardé una gota de reserva. 

Pensé algo como: “es imposible ser crítico del régimen de Cuba desde dentro. Si se es crítico te callan.” Pues tristemente, la noticia del encarcelamiento de Ángel parece ser la confirmación que seca mi vergonzosa gota de escepticismo.

Recién me entero que Ángel Santiesteban está en una prisión cubana desde febrero de este año, condenado a descontar una pena de 5 años de cárcel.


PEN International ha manifestado sobre este caso que:


“Santiesteban fue encarcelado el 28 de febrero de 2013 luego de ser sentenciado a 5 años de prisión por agresión y robo con fuerza en un caso que involucra a su ex esposa. El escritor mantiene que los cargos son fabricados y políticamente motivados a causa de su blog el cual es crítico de la situación cubana y su gobierno. Él también alega que fue informado del resultado del juicio el 8 de noviembre de 2012, un mes antes de que se dictara la sentencia. Los detalles del caso de Santiesteban no se han hechos públicos en la prensa estatal, pero según su abogado hubo una serie de graves irregularidades en su caso. PEN no mantiene una posición sobre la inocencia o culpabilidad de Santiesteban. Sin embargo, muestra su preocupación sobre que el juicio se ha quedado corto en el cumplimiento de estándares internacionales de derechos humanos.” (traducción mía)

Entre las irregularidades PEN menciona:-La demandante, según se dice, cambió su declaración en cuatro ocasiones, y en general su testimonio fue incompatible con los delitos por los cuales Santiesteban fue declarado culpable.-Un presunto testigo ocular de la demandante al parecer confesó más tarde, en un video casero, que había sido presionado y sobornado por la demandante para que mintiese en su declaración, pero, según se informa, esto fue descartado por el tribunal.
-La condena de dos años de privación de libertad por violación de domicilio es, según se informa, un año por encima de lo que está estipulado en el código penal, el cual sanciona con un año de privación de libertad este tipo de delito.

Por su parte, Reporteros Sin Fronteras ha pedido al gobierno cubano la liberación del escritor y blogero. 

En nuestras democracias latinoamericanas, publicamos libremente en blogs pensando que el principal riesgo que corremos es que nos ignoren o que algún comentario potencialmente afecte nuestro autoestima. En otras partes del mundo, personas escriben y se la juegan por sus opiniones. Invito a quienes así lo deseen a informarse del caso, y a peticionar para que se aclara:

http://www.pen-international.org/newsitems/cuba-dos-periodistas-en-prision-un-escritor-sentenciado-a-cinco-anos-de-carcel/?lang=es


http://www.change.org/petitions/freeangelsantiesteban-writer-and-human-rights-defender-in-cuba-santiestebanlibre-escritor-y-defensor-de-derechos-humanos-en-cuba


Ángel Santiesteban recibió el Premio Alejo Carpentier en el 2001 con su libro Los hijos que nadie quiso, y el premio Casa de las Américas en 2006 con el libro de cuentos Dichosos los que lloran. Su blog es http://blogloshijosquenadiequiso.wordpress.com


3/16/2013

El susurro del oro: sobre Avancari


Autor: Santiago Porras
EUNED: 2012
107 páginas.

Un paisaje rústico. No por el hecho de ser rural, de inicios del siglo pasado o de un entorno minero; sino porque rústicos son los hombres que desfilan por el libro. Frente a la sofisticada voz del oro, narrador amarillo que nos habla a través del texto, las cartas de Betty a Mary, esposa de uno de los gringos que dirige la Mina Tres Hermanos en Abangares y quien describe aquel escenario durante el montaje previo al bochinche final, o la misma complejidad, variedad y belleza del paisaje, todos estos elementos se contraponen a los personajes toscos, ambiciosos y pleiteros que cuajan el desenlace de Avancari: muerte en el motín de las minas de Abangares, hecho acaecido en Costa Rica en 1911.

No es fácil cuadrar el libro de Porras dentro de un género claro. En tramos es una descripción del paisaje de la época y de esta zona de la provincia de Guanacaste, en partes una ficción del oro, en otras una recopilación histórica y en momentos una trama de personajes en conflicto, esencialmente la pugna entre trabajadores de la mina contra sus jefes extranjeros, tensión que explota en una querella contra los capataces, un grupo de negros traídos para supervisar la mina.

En esta riqueza está un acierto de la obra, variedad de voces y de tonos para construir el texto. Avancari es una historia narrada a través de varios géneros y registros literarios, y esto es un logro por parte del autor. En esta variedad también, podría uno encontrar su desacierto, pues el libro no termina de ser novela, ya que los personajes no son desarrollados profundamente como para ahondar figurativamente en sus motivaciones, en el conflicto y en todo aquello que la historia no puede desentrañar de las tumbas y los archivos.

No obstante, Santiago Porras nos pasea como de la mano por la mina y sus alrededores, y nos pinta a personas reales hechas personajes, algo que consiguió sin duda por haber estudiado exhaustivamente el tema.

Avancari nos pone un espejo por delante y nos enseña que no somos tan modernos o adelantados como quisiéramos ser. Cien años después, somos los mismos hombres persiguiendo el oro. Como si la voz del oro fuera la mala conciencia que nos susurra. Nos debatimos entre la intervención del poderoso, y la colaboración con este para progresar ─el libro en partes parece teñido por la discusión del TLC─, entre ser capaces de la amistad y la traición, de beber juntos o de darnos machetazos para descuartizarnos ─los pleitos son las mejores escenas del libro─. Seres capaces de meternos el oro en el hueco del culo para ocultarlo, o de llegar hasta allí para buscarlo. En esencia, las cosas no han cambiado tanto desde el tiempo de las minas.

Avancari de Santiago Porras es un libro muy agradable que los costarricenses deben leer.

3/08/2013

The Latin American Review of Books reseña Las Posesiones (versión en español)

Traicionado desde dentro

Por Gavin O'Toole
Traducción cortesía de Walter Calvo Canossa 

COVER Las posesiones Carlos Alvarado Quesada

2012, Uruk Editores
237 páginas



El autor costarricense Carlos Alvarado ha hecho un servicio histórica a sus vecinos de EE.UU.,que nos transporta a través del tiempo a la Segunda Guerra Mundial, cuando el gobierno de su país detuvo a los ciudadanos con enlaces germánicos y desterró a muchos de ellos.

Porque esta es una historia que es a la vez poco contada en Costa Rica, y también se suprime en el propio EE.UU., en los libros de historia - una ironía dramática en un país donde es probable que los americanos alemanes, de hecho, constituyan el mayor grupo étnico. El tema es de clara relevancia contemporánea, dada la experiencia de los últimos tiempos de los musulmanes estadounidenses que se han visto en el extremo del reflejo defensivo de EE.UU.
Tal es la falta de conocimiento público acerca de esta historia en los EE.UU. que en 2005 se formó el grupo German American Internee Coalition por y para los alemanes de América Latina y los ciudadanos estadounidenses y residentes que fueron internados en los EE.UU. durante la guerra. Su objetivo es hacer públicas las políticas de Estados Unidos que llevaron a su internamiento, la repatriación y el intercambio de civiles de etnia alemana, tanto en los EE.UU. y América Latina.

Costa Rica no fue el único país de la región que participó activamente en la detención de personas vinculadas con los países del Eje bajo supervisión de EE.UU. y al mismo tiempo que existía un gran campo de concentración en San José, también fueron construidos campos de internamiento en Cuba, Nicaragua, Panamá y Colombia.

Sin embargo, el internamiento de los alemanes en Costa Rica bajo el progresista gobierno de Rafael Ángel Calderón – que también confiscó sus considerables activos, incluyendo las plantaciones de café y los activos bancarios - en última instancia, se produjo en un alto costo político, con la profundización de las divisiones que despertaron el levantamiento bajo José Figueres y la guerra civil breve pero sangrienta en 1948. De alguna manera, los costarricenses de ahora pueden tener mucho que agradecer a los alemanes- Figueres estableció el marco del Estado democrático y estable que ha distinguido a este país de sus vecinos en la actualidad.
En la novela de Alvarado se teje este episodio turbulento en la historia de su propio país a través de una historia moderna de descubrimiento, que involucra a dos protagonistas más bien corrientes que llegan a un acuerdo con sus propios problemas y juicios personales. Durante la guerra, Washington utilizó una variedad de métodos constitucionalmente cuestionables para controlar a los ciudadanos estadounidenses y residentes con un linaje que, para algunos, ponía sus credenciales patrióticas en duda. Estos incluyeron el internamiento, la deportación, las restricciones de viaje y el embargo de bienes.
Tal vez las historias más conocidas se han referido a los japoneses, pero pocos son conscientes de que 11.507 alemanes y alemanes-americanos fueron internados en los EE.UU. En las zonas donde los campos de concentración fueron emplazados - incluyendo Crystal City y Kenedy en Texas - persiste un código semi-oficial de silencio sobre lo que pasó.

El internamiento fue un hecho inevitable, pero desagradable, no obstante la guerra - también un claro incumplimiento de la mayoría de los convenios jurídicos internacionales y, en países como los EE.UU., podría decirse que fue en contra de los derechos constitucionales.

Sin embargo, no debemos olvidar que alemanes étnicos también fueron internados en Gran Bretaña y otros países aliados al estallido de la guerra, y también que los británicos han practicado el internamiento en tiempos más recientes - resultando fácil evitar hablar de la forma en que lo utilizó en Irlanda del Norte en la década de 1970 y agravada por el crimen maltratar a los detenidos y obligando a miles de familias católicas temerosas a huir a la República de Irlanda.
Alvarado nos lleva en un viaje de descubrimiento en el coste humano de la internación, poniendo de relieve la complicidad de América Latina en estos actos. Bajo presión de EE.UU., los gobiernos latinoamericanos arrestaron al menos a 8.500 personas con ascendencia germánica. Ellos envían alrededor de la mitad de ellos a los propios EE.UU., donde fueron internados, y envió a un número desconocido de Alemania - a cambio de muchos estadounidenses y latinoamericanos que se celebraba allí.
Las Posesiones cuenta la triste historia de Stefan Schmitz, el hijo costarricense de emigrantes alemanes que fue internado en San José durante la guerra y perdió todo como resultado - incluyendo el amor de su vida, Beatriz. Somos llevados a través de sus últimos años, torturado por la experiencia de Ana Rodríguez y Samuel, una pareja contemporánea que supo de su destino a través de cartas dadas a Ana, a la muerte de su padre biológico, Marcos Arias.

A través de estas cartas descubrimos la traición de Marcos a Stefan y de que le robó su amor, pero también cómo el internado nunca perdió la esperanza de recuperar su corazón mientras era tpasado de los campos de internamiento en Costa Rica a los EE.UU. y, finalmente, a una Alemania en ruinas. Se esfuerza por regresar a casa con el tiempo a reclamar su vida y muere solo y con el corazón roto. Descubrimos más tarde que dejó descendencia en Alemania y de los esfuerzos de su nieto con problemas, Gerhard, para saber más acerca de los recuerdos de la infancia que lo atormentan.
Las "posesiones" en el libro juegan una parte central en acto central de la trama - atestado en el testamento del difunto Marcos, cuyas posesiones mundanas eran, de hecho, en gran parte adquiridas a través de la traición a Stefan - además se hace una referencia más realista a los fantasmas del pasado que cobran vida en el presente, a través de los esfuerzos de Ana y Samuel para descubrir una historia de la que ahora forman parte.
Alvarado – un periodista – muestra con claridad un profundo interés en la historia de su propio país, y arroja luz sobre un período fascinante. Si el argumento a veces va a saltos y el lector tiene que trabajar duro para rearmar el rompecabezas, el autor escribe con un estilo claro y nítido que facilita enormemente la lectura. Ana y Samuel son irritantemente convencionales, aunque sus temperamentos son plausibles, pero la diatriba por el primo de Samuel, Moshé, que promueve una forma de relativismo moral al comparar el tratamiento a los alemanes étnicos con el dado a los judios luce artificial.
La historia de este período es mucho más compleja de lo que se sugiere a partir de un juicio simple de EE.UU. o de Europa sobre la manera ordinaria de comportarse de los costarricenses en este período.
En países como México y Argentina - a pesar de las corrientes políticas progresistas - hubo un considerable apoyo popular para las potencias del Eje. Lo que llevó a estos países a la guerra contra Alemania fue en muchos casos la política nacional e internacional de alto vuelo - y la poderosa presión de EE.UU. - y no el sentimiento popular.
Desde la distancia, y a través de sus cartas, sin embargo, la trágica determinación de Stefan de volver a casa - Costa Rica, que no Alemania – está en cada página y Beatriz, su amor en silencio, se convierte en la madre patria que añora con todo su corazón.
Es este sentimiento, y el sentimiento costarricense y real de la afrenta contra la tolerancia subyacente que caracteriza a este pequeño y muy especial país, el que se transmite en este libro.


12/09/2012

Fernando del Paso y Costa Rica


Tras 45 minutos de espera, me tocó el turno de pedirle que me firmara su libro. En mi mano, un ejemplar de su más reciente publicación “Bajo la Sombra de la Historia: Ensayos sobre el islam y el judaísmo”.

Como tiene 77 años y no le gusta equivocarse en las dedicatorias, los organizadores de la firma de libros, en la Feria del Libro en Guadalajara, nos habían pedido a la centena de personas de la fila que escribiéramos claramente nuestros nombres en un papel que nos proporcionaron, para que él lo pudiera reproducir sin inconvenientes.

Al papelito, al lado de mi nombre, le agregué una nota que decía: “...de Costa Rica”, y una vez que me tocó el turno y le entregué el libro con la nota, él la vio y me dijo: “Usted sabe que, después de México, al país que más quiero es a Costa Rica”. Me contó que su hermana tiene muchos años de vivir en nuestro país, y que él le había tomado mucho afecto a nuestra tierra.

Acto seguido, y como para demostrarlo, el novelista, estudioso y erudito mexicano me dijo, con una mirada amable y pícara lo siguiente: “cuando como chucheca, y tomo guaro, me duele la jupa porque estoy jumado...”

Fernando del Paso es uno de los más destacados escritores latinoamericanos. De sus novelas se dice que tienen la cualidad de ser enciclopédicas, como lo es Noticias del Imperio (1987), la cual narra minuciosamente la intervención francesa en México y el intento de instaurar una monarquía.

En su carrera literaria ha recibido importantes galardones y reconocimientos en México, Londres y París, además, es pintor, traductor e investigador. En los instantes, mientras firmaba mi libro recordó gratamente su amistad con Samuel Rovinski y con Carmen Naranjo, y de esta última lamentó su muerte.

Me dejó ir con el consejo de que leyera mucho y que escribiera más, que era la única ruta para quien quería perfeccionar el arte de la escritura.

En un tiempo donde nuestros compatriotas se pelean por televisores en un circo de consumo, que se nos caen los puentes y calles, y que nuestros políticos de turno son motivo casi siempre de vergüenza, me dio algún consuelo el hecho que una persona tan decente y distinguida con Fernando del Paso nos tuviera en alta estima.

Otro costarricense del que Fernando del Paso habla bien, esto ya en su libro, es el académico Roberto Marín Guzmán, por sus aportes al estudio del Islam, un esfuerzo pionero en la región latinoamericana.

Al tiempo que leo los ensayos de Fernando del Paso sobre el Islam y el Judaísmo, exhaustivos, acertados y sin pelos en la lengua, y veo en las noticias los últimos desarrollos del conflicto Palestino Israelí; me asombro de que, por ejemplo, en Costa Rica la conmemoración de la abolición del ejército, tal vez la contribución costarricense más importante para la Humanidad, pasa casi completamente desapercibida.

Si bien no somos colonia, protectorado o feudo de nadie, a veces actuamos como subyugados, como si no tuviéramos libertad y como si el estado de cosas en que vivimos estuviera ya determinado. No podemos olvidar que es la voluntad, la que puede mover a un país, por más pequeño, a hacer a cosas grandes. Y la voluntad reside no en las cosas -o las instituciones-, sino en de las personas. La esperanza está en lo que quiera hacer la gente con su libertad.

A fin de cuentas, lo importante no es lo que personas extranjeras y prominentes, como Fernando del Paso, piensen de nosotros; lo importante es que nosotros mismos nos tengamos un poco más de respeto y de amor propio, y que encontremos el coraje y la voluntad para sacar a Costa Rica del horrible bache moral en el que está.

10/14/2012

La güilita de mar en Soho

Soho me dio la oportunidad de alinear junto a Catalina Murillo, Rodolfo Arias, Carlos Cortés, Rodrigo Soto y Uriel Quesada, haciendo versiones para adultos de cuentos infantiles clásicos. De todos, soy el menor (en varios sentidos).

El pedido me gustó y entretuvo.  Por lo general, llevo los temas hacia donde "mi gana" quiere y planea, sin embargo este encargo me puso a repasar la historia original, a pensar en torno a su trama, (¿por qué demonios la sirenita dejó su mundo espectacular por un güevón que ni conocía bien?!) y me enfrentó a hacer algo diferente a partir de algo ya existente.  

Comparto el resultado:

http://revistasoho.co.cr/articulo/s%C3%ADmbolo-sexual/la-guilita-de-mar

En la foto, la güila que escolta la narración en la revista.

9/18/2012

(B)ebí ser Irish...

Debí ser irlandés, porque me gusta beber y bailar mal, pero eso no parece justificación suficiente.  Porque tengo barba rala, porque me gusta el frío y la resistencia.  Pero no es suficiente aún.
Porque me gusta el sexo, pero a veces lo hago mal, y a veces me lo hacen mal, y a veces lo hacemos mal, pero también acertamos.
Porque me gusta beber, pero eso ya lo dije.  Porque me gusta el verde. Porque odio la religión y la amo, como a Cristo.  Porque aspiro a que el pedazo pequeño de tierra sea algo más que espacio.
CAQ (un tiquillo)

"The Irish do have a despairing quality of gaiety, but they have also a dour and brooding ghost that rides on their shoulders and peers in on their thoughts. Let them laugh too loudly, it sticks a long finger down their throats. They condemn themselves before they are charged, and this makes them defensive always." 
John Steinbeck (un gringo descendiente alemán-irlandés)

8/11/2012

“Los demasiados libros” de Gabriel Zaid


A 30 años de su primera edición (1972), “Los demasiados libros” de Gabriel Zaid (Monterrey, 1934) es uno de los ensayos más actuales que he leído sobre el oficio de escribir, publicar, distribuir, vender y leer libros. Traducido a una docena de idiomas, publicado sucesivamente con actualizaciones para mantener los temas de Google y Amazon tan actualizados como la discusión centenaria sobre Sócrates (de quién se dice que prefería la conversación al libro), este es un texto que recomiendo a cualquiera que esté dentro de la cadena del libro.

Muchos libros, muchos lamentables, muchos vitales; y poco del recurso más valioso, el tiempo. Gabriel Zaid rompe en esta serie de ensayos con varios de los mitos en torno al libro, a su comercialización y mercado y a eso que se llama “ser culto”. Zaid habla de un mundo dónde cada vez hay más escritores pero menos lectores (y pone el ejemplo de la poesía, donde puede que haya más poemas que lectores). Pero también un mensaje alentador, pues para todo libro hay un grupo de lectores interesados que están a la espera de ese grato encuentro.

Una perspectiva, a veces polémica, para alimentar la visión propia.
Algunos fragmentos como evidencia:

¿Qué importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer no hace, físicamente, más reales.”

“...la economía del libro a diferencia de la economía de los periódicos, el cine y la televisión, es viable en pequeña escala... la economía del cine exige eliminar el 99% de las posibles películas.”

“La verdadera superioridad editorial de los países ricos está en que pueden reunir con cierta facilidad un millar de compradores dispuestos cien dólares o más por un libro de interés limitado”.

“Hoy, es un lujo leer a Sócrates, no por el costo de los libros, sino del tiempo escaso”

“Leer es un lujo de pobres, de enfermos, de presos, de jubilados, de estudiantes ociosos, como antes los había”

“El público natural de un libro está formado por las personas a las cuales tiene algo que decirles. Pero es difícil identificarlas, localizarlas, imprimir los ejemplares necesarios, distribuirlos por el planeta y avisarle a cada una “este libro fue escrito para ti: toma y lee.” 

7/18/2012

Liberación NO libera



Carlos Alvarado Quesada

Artículo publicado en el Diario Extra del 17 de julio de 2012.

El Partido Liberación Nacional (PLN) no libera. Todo lo contrario, esclaviza. Liberación Nacional está esclavizando a Costa Rica a las cadenas del eterno problema del puente de la platina, y ahora de El Hueco, de los cuales hay poca esperanza de que se resuelvan pronto.

Las acciones y omisiones de Liberación nos están condenando a la quiebra de la Seguridad Social, pilar, junto a la educación y a los resabios de igualdad, que sostenían nuestro desarrollo humano.
También Liberación ahora nos está condenando a un retroceso en cuanto a la igualdad costarricense, y desde que Liberación y sus políticas predominan la desigualdad ha crecido como nunca en nuestro país.
Liberación Nacional no libera, esclaviza. Nos esclaviza a la corrupción. Liberación es el partido que alegremente se da el lujo de llevar malhechores al Congreso de la República y a las municipalidades. Pero ahí no pasa nada, solo sigue la fiesta.

Nos esclaviza a la lista de políticos que ya han estado en el poder, y que nos piden una oportunidad más de ejercer, pero ¿qué harán ahora diferente de lo que ya han hecho en el pasado? ¿Más telefonazos a “ras” del suelo para mover influencias? ¿Más tamaleadas de consultorías millonarias? ¿Seguiremos nadando los miércoles en el Tárcoles?

Y como si nada, nos piden que le sigamos dando cheques en blanco de gobierno y seguir así naufragando el barco que ya encalló.

Mientras en países de nuestro entorno inmediato se construyen metros y otras obras de gran importancia, Liberación Nacional, con la promesa de ponernos en la autopista del progreso, no es capaz de hacer bien una carretera o siquiera una trocha fronteriza. Y peor aun, eso que han mal construido también ha dejado la estela hedionda de la corrupción de siempre, y como cereza del pastel, con degradación ambiental incluida.

Liberación sigue esclavizando a más del 20% de la población a la pobreza. Liberación nos sigue esclavizando a las altas tasas de interés. Liberación Nacional nos sigue esclavizando a una larga lista de etcéteras que empiezan a dar vergüenza inclusive fuera de nuestras fronteras.

Liberación ya no libera y de lo único que nos está liberando a los costarricenses es a tener esperanza.

Dirán que frente al PLN, de sus políticos de siempre (sí: Rodrigo Arias Sánchez, José María Figueres y Johny Araya) o de su maquinaria, no hay ya quien los detenga. Pero si en verdad uno quiere a Costa Rica, y sobretodo si quiere un cambio y algo mejor y diferente, no le queda más que resistir y oponerse.

Que Dios y la buena voluntad iluminen a los partidos de oposición decentes, y sobre todo a sus bases, a que amalgamen una robusta propuesta de gobierno y una alternativa frente a las cadenas del PLN. Buena señal fue la reciente reunión entre la presidenta del PAC y su homólogo del PUSC.

El tiempo de discursos sutiles terminó. Hay que ser claro: a Liberación hay que sacarlo del poder. Si Liberación esclaviza, lo único que queda es luchar por romper esas cadenas.

6/11/2012

Comentario de Bernd Niehaus de "Las Posesiones"


Sobre la novela “Las posesiones”

BERND NIEHAUS QUESADA EXCANCILLER DE LA REPÚBLICA

Publicado en La Nación, el 1 de junio de 2012.  (Don Bernd hizo su tesis de derecho sobre este tema, del cuál además su familia fue víctima)

En su sangriento y brutal desarrollo, la guerra conlleva dolor y lágrimas para todos. En muchos casos, ilegítimos intereses conducen a que inocentes, totalmente ajenos a un conflicto bélico, se vean arbitrariamente involucrados y reciban enormes daños y perjuicios en su persona y bienes, sin razón alguna. Tal fue el caso de la Segunda Guerra Mundial, que llevó grandes sufrimientos a personas cuyo único delito fue haber tenido antepasados originarios de los llamados países del eje enemigo.
Si bien el epicentro de la terrible guerra fue Europa, sus consecuencias se extendieron por el mundo entero, llegando también, con tristes resultados, hasta nuestras tierras. En Costa Rica, familias alemanas arraigadas en el país y hasta familias costarricenses de apellido alemán sufrieron una injusta discriminación y persecución, en razón únicamente de su origen.
Si bien oficialmente se utilizaron como justificación para el despojo, argumentos de seguridad y defensa, lo que realmente contaba en nuestro país era la satisfacción de intereses de tipo económico.
La novela “Las posesiones” de Carlos Alvarado Quesada, describe en forma muy dura y triste una verdad histórica. Utilizando personajes ficticios, el autor nos muestra lo que no pocas veces sucedió en la realidad. Tal fue el hecho de que, dentro del marco del conflicto, llamados “amigos” de las víctimas aprovecharon la tragedia humana para, mediante oscuras manipulaciones y sucias triquiñuelas, apropiarse de los bienes y derechos de los tan injustamente perseguidos.
Conocedor de muchas dolorosas historias acaecidas en aquellos años, en el mismo sentido que trata la obra, me impresionó profundamente su contenido unido al trágico realismo que tuvo en su época.
“Las posesiones” nos hace meditar sobre las consecuencias indirectas de la guerra y sus violaciones a la dignidad humana en todos los ámbitos.
Felicitaciones al autor por presentarnos un tema sobre el que se ha dicho poco y se sabe aún menos, pero que causó mucho dolor y ha sido origen de mucha injusticia.

4/22/2012

CAPITULO DE LAS POSESIONES (con video)







Capítulo 3, Parte 3.

Escribo porque me da un sentimiento de orden y de orientación. El tiempo en el refugio durante los bombardeos se prolonga por horas eternas. Horas compuestas por la sucesión de segundos, donde la mente tiene presente que en cualquier momento una explosión puede caer encima de donde estamos y todo acabaría así, sin más.  

Recuerdo el día que nos trasladaban en tren hacia Nueva York, yo llevaba un dolor de cabeza espantoso. 
Era tal, que a veces se me dificultaba ver. Se me oscurecía la mirada, por lo que prefería simular que dormía aunque podía escuchar todo a mi alrededor, desde el ronroneo de los rieles hasta las conversaciones de los pasajeros.  Llevaba un abrigo de invierno viejo que me dieron antes de salir de Camp Kenedy, me costó acostumbrarme a él, pero todavía ahora que escribo lo llevo puesto. Se me ha encarnado como piel. Los hombres que viajaban en aquel vagón, muchos con sus familias, vestían sus abrigos y sombreros con distinción.  Estar pulcros y presentables daba una dignidad en medio de toda la congoja de aquella situación. Recuerdo a una niña que cargaba una muñeca y un gorro que la madre le ajustaba cada dos segundos, iba en el asiento enfrente mío.  No dejó de observarme en todo el viaje. Sin miedo, me veía a los ojos.  Quise preguntarle su nombre, pero me encontré sin fuerzas para hacerlo. El dolor de cabeza era terrible. Todos los que iban en aquel vagón debían de haber llegado hasta ahí como yo, en un barco, secuestrados, como prisioneros. En ese entonces, mi preocupación era que el viaje a través del Atlántico fuera a tener las mismas condiciones paupérrimas que tuvo el viaje con que nos sacaron en primer lugar de nuestros países de origen.
Lo siguiente que recuerdo es la salida de Nueva York. La noche anterior a la partida dormí en una detención llamada Ellis Island.  Salimos de Ellis Island y lo primero que noté fue la actividad frenética a través de toda la bahía. Soldados, ingenieros, vehículos y material bélico, todo cargado en los barcos que se nutrían en el puerto. Las horas que estuvimos ahí, la actividad no cesó ni por un segundo. 
Nos montaron en un barco llamado el Gripsholm, que sería el encargado de hacer el cruce transatlántico.  Nos aseguraron que el barco, de bandera sueca y con la palabra DIPLOMAT pintada ampliamente en sus costados, haría el viaje sin correr ningún peligro.  Una vez que zarpamos, desde la cubierta se podía observar toda la increíble actividad de la bahía de Nueva York. Por doquier que miraba se observaban convoyes militares, cientos de barcos de guerra y mercantes, un ir y venir de naves impresionante, danza en la cual nuestro barco era tan solo una más de todas las embarcaciones que flotaban en el mar, cada una con su propósito particular, pero sin duda todas con un fin relacionado con la guerra. Hasta ahora que escribo estas palabras caigo en cuenta de que en menos de dos años, crucé los Estados Unidos de oeste a este y surqué el Pacífico, y luego el Atlántico, en un viaje que nunca imaginé fuera a hacer.  Y sin embargo, mis anhelos son más sencillos y descansan a la par de un cafetal o una milpa, o un viaje en una panga o velero en Puntarenas.  Sencillo y mío.  
 Una vez en aguas internacionales, el trayecto fue relativamente tranquilo.  Era un mar gris y arrugado, de esos que explican por qué hay lugares que se les llama Mar de Plata, por ejemplo.  El bamboleo de las olas fue más fuerte que en el viaje que me llevó de Costa Rica a Estados Unidos, pero era una nave de comodidad superior.  Las diferentes estancias del barco mostraban que habían sido diseñadas para lujosos viajes transatlánticos, y de ese lujo quedaban todavía reflejos en la labor más modesta de ahora, repatriar gentes a Alemania.  Fueron días extraños, como feriados.  Los niños jugaban ante la lenidad de la tripulación sueca, y la mayoría de los tripulantes estaban en apariencia calmos, pero sé que como yo, vivían preocupados por conocer qué iba a ser de nosotros una vez que llegáramos al Viejo Mundo. Si bien era la tierra de mis padres, yo sentía claramente que no era mi tierra y la realidad no tardaría en confirmármelo.   
Mi afinidad por las excursiones de pesca en velero y panga en Puntarenas no me ayudaron con los vómitos en que en ocasiones incurrí, a causa de unas terribles náuseas.  Recuerdo que escribí una serie larguísima de cartas a Beatriz que se me mojaron, lo que destrozó el papel y disipó la tinta.  Quise volverlas a rescribir, tal vez debería hacerlo ahora. Pero no tiene caso, está prohibida la correspondencia hacia un país enemigo.  Una bomba cayó cerca, no hay luz, ahora trato de escribir a ciegas sin perder la línea...
Vuelve el fluido eléctrico, me corrí dos reglones.
Tocamos tierra nuevamente en Lisboa, Portugal. De ahí el viaje fue también en tren. Cruzamos rápidamente Portugal, y España, hasta llegar a Biarritz en Francia. Para esto ya estábamos bajo la vigilancia alemana.   Por la ventana se sucedían los paisajes de la Francia ocupada.





3/22/2012

Video de LAS POSESIONES



Comparto un video promocional sobre Las Posesiones.  Realización de Paúl Alvarado.

¡MUY PRONTO EN LIBRERIAS!

Abrazos,

CAQ.

3/04/2012

¿El por qué de esta portada? (próximamente en librerías)


¿Por qué esta portada para "Las Posesiones"? Como parte de la investigación para mi libro, y entre varias de las fuentes bibliográficas disponibles, topé con el libro de Heidi Guerke "We were not the enemy", el cuál narraba la vida de su familia en los años 20 y 30 en Costa Rica, y cómo en la década del 40 fueron primero confinados y luego deportados de Costa Rica hacia el campo de internamiento de Crystal City en Texas.  


Contacté a Heidi Guerke, y le comenté de mi proyecto. No sabía qué esperar. No obstante, la idea del libro la emocionó por mantener viva la memoria de lo ocurrido.

¿Cómo puede un gobierno encerrar a personas sin haber cometido crimen alguno, sin juicio o derecho a defensa, y cómo puede quitarles sus bienes y sus vidas y expulsarlos de su propio país?  La novela no pretende  responder esa pregunta, pues tiene la pretensión más modesta de narrar una ficción.

No obstante, las imágenes de la portada pretenden mostrar algo de lo que era la vida de esas personas antes de los hechos en cuestión.

En la fotografía, aparecen Wermer y Starr Gurcke (los padres de Heidi) en la piscina del Club Alemán en Guadalupe, 1936.  Me gustó mucho la alegría de esta pareja joven que nos habla desde el ámbar del pasado.  Una pareja feliz, pero que no sospecha -como nosotros hoy- lo que el futuro les deparará.

La carta en la portada es correspondencia de la misma familia Guerke, misivas que eran examinadas por oficiales del campo (como el sello lo señala) antes de poder llegar a su destinatario.  Quienes lean la novela, podrán constatar que una parte de la narración es epistolar.

Si todo sale bien, Las Posesiones saldrá a la venta en aproximadamente un mes.


Fotografía y material cortesía de la Familia Gurcke. Más información en http://www.gaic.info (German American Internee Coalition)



  

2/12/2012

Confesión No Solicitada



Esa mirada de extrañeza logra conjugar las palabras “usted”, “cómo” y  “por qué” en una interrogación simultánea. Cuando “escribir” se refiere a correos, reportes o minutas, saludos, notas y recados, el verbo referido a hacer literatura se convierte en un tipo de acepción en desuso, una empleada por esa raza enigmática, mística (o ridícula) de quienes se llaman o aspiran a ser escritores.

A los 19 años escribí mi primer cuento, en un cuaderno, se perdió.  Todavía lo recuerdo, pero aún así no lo puedo rescribir. Hubiera deseado comenzar antes a escribir pero no podía: aunque hubiera querido, no tenía mucho que decir.

De los 19 a los 23 escribí aproximadamente 100 páginas y 10 cuentos (la mayoría recopilados en Transcripciones Infieles).  Escribía cuando “estaba inspirado” o cuando tenía algo que decir, y no solo eso, sino cuando encontraba la manera, la imagen o el abordaje para hacerlo.  No tenía disciplina, ni quería tenerla, en ese momento escribir era un acto de iluminación... pero como se desprende de mi producción, era un acto poco frecuente.

Creo que el punto de giro de aquella etapa ocurrió leyendo al maestro Robert Louis Stevenson. Mientras leía sus páginas de repente sentí que eso “se valía”, que se podían suceder imágenes de acciones, de episodios y de pensamientos y que unos se podían atar a otros y que la cosa podía fluir.  No toda oración debía ser una joyita para hacer una joya del todo final.  Por lo menos eso sentí.  De esta reflexión-sentimiento surgió mi primer abordaje consciente:  hay que escribir y punto.

Esto no significó disciplina... no.  Significó abrir la puerta a contar.  A decir las cosas como las sentía o pensaba. A ver más la realidad. Si antes todo era más onírico o un tipo de filosofar (alimentado por mis lecturas de Sartre, Camus, Freud, y la escuela de Frankfort) ahora las cosas eran más lo que eran. ´

Gracias a eso, y al Fondo Nacional de Financiamiento Forestal ―pues cumplidas mis labores le robaba un par de horas al trabajo para leer (recuerdo a Julio Verne, Aristóteles, Tolstoi) y para escribir―. Fue de ahí que surgió La Historia de Cornelius Brown.

Ya para cuando esta salió, había algo más o menos decidido en mí, en el sentido de que iba a seguir escribiendo.  ¿Pero cómo? 

Después de Cornelius Brown, lo primero que quise fue huir de la primera persona.  Como escritor, me sentía desnudado en mi narrador, como hombre, joven, cachondo etc. pero sobre todo limitado.  Sentía como si hubiera dominado un género musical en la guitarra, pero una vez que cambia el swing, la tonalidad y el ritmo, quedaba desarmado.

Esta reflexión la cargaba durante el año que viví en Francia, año que viví como escritor... pero que me dejó tan solo un cuento bien logrado y una novela (la única que he desechado) malísima.  Y no la deseché en el ominoso momento que la terminé, peor aún, ¡la retrabajé un par de años más!


Huía del estilo de mi publicación anterior, pero a la vez, no lograba nada...

Y sin concretar mucho, a pesar de los continuos esfuerzos, transcurrieron 1, 2, 3 años. Volví a coleccionar mis mejores chispazos en un libro de cuentos (inédito), me fui a Inglaterra, para vivir como estudiante y no como escritor... (¡aunque entre los ingleses bebí más que nunca!)  Y ese año escribí tan solo dos relatos cortos, hoy parte de esa colección inédita.

Y aunque en apariencia no hice ni mierda de literatura, adentro mascullaba y gestaba.  Había ganado varias activos:  tiempo de vida, logros y decepciones, amigos, acquaintances, lecturas (Mutis, Kundera, Balzac), estudios, experiencias... y algo de disciplina. Ya era un hombre que vivía su año #30. 

Poco antes de regresar a Costa Rica, me divirtió la idea de escribir una novela sobre alguien que recibe una carta del pasado.  Esto se entremezcló con mi curiosidad por los campos de internamiento en la Segunda Guerra Mundial en Costa Rica, tema que siempre me llamó la atención pero del que nunca había  encontrado mayores referencias (y sobre lo que conseguí mejor información en fuentes publicadas fuera del país). Todavía quedaba algo de periodista en mí.

Comencé a rumiar un proyecto, escribiendo, pero con un temor hondo de que todo aquello fuera similar a lo que dice Pink Floyd  en Time:“plans that either come to naught, or half a page of scribble lines...”.  Es decir de que no fuera a terminar nada. ¿Sería que aquello de escribir ya no estaba más dentro de mí? También, en aquel momento trabajaba, y se me dificultaba enfocarme.

Por dicha, perdimos las elecciones (por dicha para mí como escritor, por supuesto), y fui a parar a Panamá, a visitar a mi novia, hoy esposa.  Panamá a inicios de 2010 se convirtió en mi clínica de desintoxicación política y profesional. Pero también se convirtió en mi mayor reto literario hasta la fecha. 

Me inspiré en el método utilizado por Stendhal en La Cartuja de Parma, obra extensa pero que escribió en tan solo semanas.

Establecí la meta de tres meses, y me fijé un proyecto: escribir aquella novela que tenía en la mente. Si lo podía hacer significaba que sí tenía la madera, que en verdad podía escribir algo.  Sino era así, significaba que todo lo hecho en el pasado había sido solo destellos.

Según mi bitácora, desde el 19 de febrero de 2010 al 26 de mayo de ese mismo año, de lunes a viernes de 9 a 5, (interrumpido por el almuerzo que le hacía a Claudia cuando venía del trabajo) a lo que me dediqué fue a escribir y solo a escribir.  Con disciplina, con metas.   A veces obstinado por estar cerca de no cumplir el objetivo diario, lo cual siempre me obligué a alcanzar.  A veces con la tarde libre, por una mañana inusitada de lucidez. 

Podría parecer una sencillez, pero para mí fue probarme de que esto que hacía, escribir, era algo real, y no una quimera o una hipótesis posible de lo que yo podía hacer con mi vida.

Nació así Las Posesiones.

Exorcicé la voz del narrador de Cornelius Brown, pero principalmente el fantasma que insistía en que la ilusión literaria se había disipado en mí. Y conté una historia en poco más de 240 páginas.

Ejercicio similar ejecuté de enero a marzo de 2011, también en Panamá, ya casado.  Escribí, sin tanta tensión ―ya no era una competencia conmigo mismo, sabía que lo podía hacer y así se convirtió todavía más en un placer― y completé otra novela, inédita, y no malísima como la que deseché años atrás.  Volví a la primera persona, a aquella de que tanto huí por más de 5 años.  También a la voz masculina, pero ya de otro hombre (de unos 60 años), porque de algo había rendido ese esfuerzo de escribir poniéndome en los zapatos de hombres y mujeres de diferentes edades y preferencias.

Ahora, el que se me hace escurridizo es el cuento, y me preocupa que no me vienen tan frecuentes los chispazos.  Pero no se puede tener todo, ¿o sí? Me dio gran consuelo el libro que me prestó mi amigo Guillermo Barquero,  Trabajos Forzados (de Daria Galateria) donde describe los oficios de muchos escritores (London, Orwell, Kafka) cuando no estaban escribiendo, y me dio consuelo en mi condición actual.

Por ahora, es momento para publicar lo hecho,  en tanto, diferentes caldos, imágenes, ideas e historias esperan el momento adecuado para cobrar vida en este tablero digital. 

(En la foto, como en la vida y la del escritor también, el Laberinto de la Catedral de Chartres)

1/08/2012

LAS POSESIONES (mi libro en 2012)

Son cinco años desde que publiqué mi último libro (La Historia de Cornelius Brown, 2007), por lo que creo que ya es hora.  Este año, de no acabar el mundo antes, publicaré la novela Las Posesiones.


Creo que el libro deberá hablar por sí mismo, por lo que para comenzar este año, dejo la sinopsis para que se sepa por dónde va la procesión.  

"Tras la entrada de los Estados Unidos en la II Guerra Mundial, los gobiernos de varios países latinoamericanos, entre ellos el de Costa Rica, instalaron campos de internamiento para confinar ahí a los ciudadanos alemanes, italianos, japoneses y a sus descendientes. Muchas de estas personas no solo perdieron su libertad y sus bienes, sino que fueron deportadas a campos de internamiento en los Estados Unidos, de los cuales el más famoso fue el de Cristal City, en Texas.
 En  este contexto se desarrolla Las Posesiones, una novela que entrelaza tres ficciones en una. 
El eje principal es la historia de Ana Rodríguez y su esposo Samuel Roth, quienes en tiempo presente reciben una carta escrita por el padre biológico de Ana con fecha de 1948. A partir de esta misiva, se va descubriendo la relación que tiene el padre de Ana con los crímenes ocurridos en el país latinoamericano durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil en Costa Rica.
La novela cuenta la historia de Stefan Schmitz, un hijo de emigrantes alemanes que en el contexto del conflicto bélico mundial es internado en el campo de la Avenida 10 en la ciudad de San José, para luego ser deportado, primero a los Estados Unidos y luego a Alemania, periplo de varios años que él atraviesa siempre con el anhelo de regresar a Costa Rica para estar junto a Beatriz, la mujer de la que se vio separado.
Por último, narra la historia de Gerhard, un hombre oscuro y deprimido que vive en Colonia, Alemania, quien deposita en la búsqueda de un recuerdo de infancia la posibilidad de encontrar el sentido de su vida tras su divorcio, indagación que más bien lo llevará a descubrir la identidad verdadera de sus antepasados." 




11/24/2011

Buga, goy, mestizo

Buga, goy, mestizo:

y me emocioné con la idea de encontrarme con una palabra que tuviera dos eñes...y terminé con ñoño.

Escuché que una explicación evolucionista del suicidio, es que los menos aptos se reconocen como tales y acaban con el problema de raíz. Como ___________ (rellene el espacio con el apellido de su suicida favorito).

Y las compañías de telefonía se pelean, hoy, por ver quién se apropia de la costarriqueñeidad.

10/09/2011

Transcripciones en Letralia


Comparto el cuento breve que me publicó la revista Letralia:

http://www.letralia.com/258/letras04.htm


(nota mental: no estaría mal una entradita en mi propio blog...)

8/27/2011

Bienes intangibles (Super Radio 102.3)



"Abrazado por la niebla, bajo la tintineante luz de las estrellas, se yergue majestuoso, imponente, el Volcán Irazú”
Momento en el que la guitarra de Lee Ritenour entra con distorsión y se conjugaba con el baterista y el resto de la banda
... desde donde, Super Radio (102.3 FM); a 3500 metros sobre el nivel del mar, transmite para todo el territorio nacional..."
La atmósfera de bajar las montañas de Heredia un domingo por la tarde, a sabiendas que el siguiente día es lunes, volando con música treinta años aneja, contemplando que como ese momento, la vida viaja también. Sentarse en la mesa de un bar en la tarde, con amigos y comida de alto contenido calórico, reír y escuchar la radio.
La canción de Lennon, no de John, sino de Julian, su hijo:
…Sitting on a pebble by the river playing guitar
Wond'ring if we're really ever gonna get that far
Do you know there's something wrong?
Y luego algún impertinente cambia la perilla (la belleza de los dispositivos análogos) y cae en 97.5 FM (Musical).
Los novios se mandan saludos en su hora, o mensajes de cuándo llegaran al pueblo. Y José José con Dyango se disputan el podio que tiene por cetro una plancha.
Esos son intangible assets, los que master card supo capitalizar.

7/29/2011

Bruno Porter se le adelantó a Radiohead


¿Cuál fue el año en que sonó por primera vez Salón K?

No sé, y tal vez a nadie ya le importa. Pero sonó.

Debió ser por el 1997 que salió el disco "Chuis parece Arbot", algo que nadie ni putas entendió, o bueno, tratamos de entender. A mi me matizó y eso era suficiente.

Lo curioso es que también en 1997 sale Ok Computer, y porque Radiohead lo hizo entonces sí parece que está bien. Y sí, bueno, estaba muy bien.

Pero lo que queda es que no tenemos que aprender de música, más bien, lo que queda es aprender de cómo apalanca la escala.

Pero ni Clorito Picado ni Bruno Porter pudieron contra la escala. ¿Tampoco podrán los libros..?

A la cama, ya estuvo bueno de darle al Abuelo.

http://www.youtube.com/watch?v=EHRQQo4ETBI

7/02/2011

Como la trompeta de Miles


El pedo que se tiró el tipo del orinal del lado me recordó el sonido de la trompeta de Miles Davis. No el Miles de Kind of Blue, sino uno más atorrante, como el de The Man with the Horn. Aunque si se examinaba mejor, fue un pedo que invitaba a emular el mood de So What. Yo esperaría que Miles no lo tome a mal. Se necesita confianza y familiaridad para disfrutar de tal comparación sin rencores.

Pensaba eso mientras me subía la jareta. Los dedos conceptualmente sucios, según las indicaciones del Ministerio de Salud, por lo que paso seguido, me acerqué al lavatorio para asearme las manos de aquellos villanos invisibles. En ese momento, el intérprete del cornetazo se colocó en el lavatorio de la par. No lo quise mirar, ni a la cara y menos a los ojos, para no marcar mi memoria con su rostro de criminal.

Y mientras frotaba mis manos y hacía espuma con el jabón líquido que obtuve del dispensador estándar, me entretuve recordando como en mi adolescencia, mis amigos y yo en nuestra jerga púber denominábamos las flatulencias como pedales, y desde entonces asocié el movimiento circular del pedaleo de la bicicleta, con el movimiento de una ametralladora del siglo XIX, de esas que eran accionadas por alguien que hacía girar una palanca que parecía un pedal de bicicleta.

Así, abrí la puerta para salir de la batería de baños, le cedí el paso al perpetrador de aquel Hinderburg a escala, y sonreí agradecido por la cadena de recuerdos y asociaciones, incluida la trompeta de Miles.