9/18/2012

(B)ebí ser Irish...

Debí ser irlandés, porque me gusta beber y bailar mal, pero eso no parece justificación suficiente.  Porque tengo barba rala, porque me gusta el frío y la resistencia.  Pero no es suficiente aún.
Porque me gusta el sexo, pero a veces lo hago mal, y a veces me lo hacen mal, y a veces lo hacemos mal, pero también acertamos.
Porque me gusta beber, pero eso ya lo dije.  Porque me gusta el verde. Porque odio la religión y la amo, como a Cristo.  Porque aspiro a que el pedazo pequeño de tierra sea algo más que espacio.
CAQ (un tiquillo)

"The Irish do have a despairing quality of gaiety, but they have also a dour and brooding ghost that rides on their shoulders and peers in on their thoughts. Let them laugh too loudly, it sticks a long finger down their throats. They condemn themselves before they are charged, and this makes them defensive always." 
John Steinbeck (un gringo descendiente alemán-irlandés)

8/11/2012

“Los demasiados libros” de Gabriel Zaid


A 30 años de su primera edición (1972), “Los demasiados libros” de Gabriel Zaid (Monterrey, 1934) es uno de los ensayos más actuales que he leído sobre el oficio de escribir, publicar, distribuir, vender y leer libros. Traducido a una docena de idiomas, publicado sucesivamente con actualizaciones para mantener los temas de Google y Amazon tan actualizados como la discusión centenaria sobre Sócrates (de quién se dice que prefería la conversación al libro), este es un texto que recomiendo a cualquiera que esté dentro de la cadena del libro.

Muchos libros, muchos lamentables, muchos vitales; y poco del recurso más valioso, el tiempo. Gabriel Zaid rompe en esta serie de ensayos con varios de los mitos en torno al libro, a su comercialización y mercado y a eso que se llama “ser culto”. Zaid habla de un mundo dónde cada vez hay más escritores pero menos lectores (y pone el ejemplo de la poesía, donde puede que haya más poemas que lectores). Pero también un mensaje alentador, pues para todo libro hay un grupo de lectores interesados que están a la espera de ese grato encuentro.

Una perspectiva, a veces polémica, para alimentar la visión propia.
Algunos fragmentos como evidencia:

¿Qué importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer no hace, físicamente, más reales.”

“...la economía del libro a diferencia de la economía de los periódicos, el cine y la televisión, es viable en pequeña escala... la economía del cine exige eliminar el 99% de las posibles películas.”

“La verdadera superioridad editorial de los países ricos está en que pueden reunir con cierta facilidad un millar de compradores dispuestos cien dólares o más por un libro de interés limitado”.

“Hoy, es un lujo leer a Sócrates, no por el costo de los libros, sino del tiempo escaso”

“Leer es un lujo de pobres, de enfermos, de presos, de jubilados, de estudiantes ociosos, como antes los había”

“El público natural de un libro está formado por las personas a las cuales tiene algo que decirles. Pero es difícil identificarlas, localizarlas, imprimir los ejemplares necesarios, distribuirlos por el planeta y avisarle a cada una “este libro fue escrito para ti: toma y lee.” 

7/18/2012

Liberación NO libera



Carlos Alvarado Quesada

Artículo publicado en el Diario Extra del 17 de julio de 2012.

El Partido Liberación Nacional (PLN) no libera. Todo lo contrario, esclaviza. Liberación Nacional está esclavizando a Costa Rica a las cadenas del eterno problema del puente de la platina, y ahora de El Hueco, de los cuales hay poca esperanza de que se resuelvan pronto.

Las acciones y omisiones de Liberación nos están condenando a la quiebra de la Seguridad Social, pilar, junto a la educación y a los resabios de igualdad, que sostenían nuestro desarrollo humano.
También Liberación ahora nos está condenando a un retroceso en cuanto a la igualdad costarricense, y desde que Liberación y sus políticas predominan la desigualdad ha crecido como nunca en nuestro país.
Liberación Nacional no libera, esclaviza. Nos esclaviza a la corrupción. Liberación es el partido que alegremente se da el lujo de llevar malhechores al Congreso de la República y a las municipalidades. Pero ahí no pasa nada, solo sigue la fiesta.

Nos esclaviza a la lista de políticos que ya han estado en el poder, y que nos piden una oportunidad más de ejercer, pero ¿qué harán ahora diferente de lo que ya han hecho en el pasado? ¿Más telefonazos a “ras” del suelo para mover influencias? ¿Más tamaleadas de consultorías millonarias? ¿Seguiremos nadando los miércoles en el Tárcoles?

Y como si nada, nos piden que le sigamos dando cheques en blanco de gobierno y seguir así naufragando el barco que ya encalló.

Mientras en países de nuestro entorno inmediato se construyen metros y otras obras de gran importancia, Liberación Nacional, con la promesa de ponernos en la autopista del progreso, no es capaz de hacer bien una carretera o siquiera una trocha fronteriza. Y peor aun, eso que han mal construido también ha dejado la estela hedionda de la corrupción de siempre, y como cereza del pastel, con degradación ambiental incluida.

Liberación sigue esclavizando a más del 20% de la población a la pobreza. Liberación nos sigue esclavizando a las altas tasas de interés. Liberación Nacional nos sigue esclavizando a una larga lista de etcéteras que empiezan a dar vergüenza inclusive fuera de nuestras fronteras.

Liberación ya no libera y de lo único que nos está liberando a los costarricenses es a tener esperanza.

Dirán que frente al PLN, de sus políticos de siempre (sí: Rodrigo Arias Sánchez, José María Figueres y Johny Araya) o de su maquinaria, no hay ya quien los detenga. Pero si en verdad uno quiere a Costa Rica, y sobretodo si quiere un cambio y algo mejor y diferente, no le queda más que resistir y oponerse.

Que Dios y la buena voluntad iluminen a los partidos de oposición decentes, y sobre todo a sus bases, a que amalgamen una robusta propuesta de gobierno y una alternativa frente a las cadenas del PLN. Buena señal fue la reciente reunión entre la presidenta del PAC y su homólogo del PUSC.

El tiempo de discursos sutiles terminó. Hay que ser claro: a Liberación hay que sacarlo del poder. Si Liberación esclaviza, lo único que queda es luchar por romper esas cadenas.

6/11/2012

Comentario de Bernd Niehaus de "Las Posesiones"


Sobre la novela “Las posesiones”

BERND NIEHAUS QUESADA EXCANCILLER DE LA REPÚBLICA

Publicado en La Nación, el 1 de junio de 2012.  (Don Bernd hizo su tesis de derecho sobre este tema, del cuál además su familia fue víctima)

En su sangriento y brutal desarrollo, la guerra conlleva dolor y lágrimas para todos. En muchos casos, ilegítimos intereses conducen a que inocentes, totalmente ajenos a un conflicto bélico, se vean arbitrariamente involucrados y reciban enormes daños y perjuicios en su persona y bienes, sin razón alguna. Tal fue el caso de la Segunda Guerra Mundial, que llevó grandes sufrimientos a personas cuyo único delito fue haber tenido antepasados originarios de los llamados países del eje enemigo.
Si bien el epicentro de la terrible guerra fue Europa, sus consecuencias se extendieron por el mundo entero, llegando también, con tristes resultados, hasta nuestras tierras. En Costa Rica, familias alemanas arraigadas en el país y hasta familias costarricenses de apellido alemán sufrieron una injusta discriminación y persecución, en razón únicamente de su origen.
Si bien oficialmente se utilizaron como justificación para el despojo, argumentos de seguridad y defensa, lo que realmente contaba en nuestro país era la satisfacción de intereses de tipo económico.
La novela “Las posesiones” de Carlos Alvarado Quesada, describe en forma muy dura y triste una verdad histórica. Utilizando personajes ficticios, el autor nos muestra lo que no pocas veces sucedió en la realidad. Tal fue el hecho de que, dentro del marco del conflicto, llamados “amigos” de las víctimas aprovecharon la tragedia humana para, mediante oscuras manipulaciones y sucias triquiñuelas, apropiarse de los bienes y derechos de los tan injustamente perseguidos.
Conocedor de muchas dolorosas historias acaecidas en aquellos años, en el mismo sentido que trata la obra, me impresionó profundamente su contenido unido al trágico realismo que tuvo en su época.
“Las posesiones” nos hace meditar sobre las consecuencias indirectas de la guerra y sus violaciones a la dignidad humana en todos los ámbitos.
Felicitaciones al autor por presentarnos un tema sobre el que se ha dicho poco y se sabe aún menos, pero que causó mucho dolor y ha sido origen de mucha injusticia.

4/22/2012

CAPITULO DE LAS POSESIONES (con video)







Capítulo 3, Parte 3.

Escribo porque me da un sentimiento de orden y de orientación. El tiempo en el refugio durante los bombardeos se prolonga por horas eternas. Horas compuestas por la sucesión de segundos, donde la mente tiene presente que en cualquier momento una explosión puede caer encima de donde estamos y todo acabaría así, sin más.  

Recuerdo el día que nos trasladaban en tren hacia Nueva York, yo llevaba un dolor de cabeza espantoso. 
Era tal, que a veces se me dificultaba ver. Se me oscurecía la mirada, por lo que prefería simular que dormía aunque podía escuchar todo a mi alrededor, desde el ronroneo de los rieles hasta las conversaciones de los pasajeros.  Llevaba un abrigo de invierno viejo que me dieron antes de salir de Camp Kenedy, me costó acostumbrarme a él, pero todavía ahora que escribo lo llevo puesto. Se me ha encarnado como piel. Los hombres que viajaban en aquel vagón, muchos con sus familias, vestían sus abrigos y sombreros con distinción.  Estar pulcros y presentables daba una dignidad en medio de toda la congoja de aquella situación. Recuerdo a una niña que cargaba una muñeca y un gorro que la madre le ajustaba cada dos segundos, iba en el asiento enfrente mío.  No dejó de observarme en todo el viaje. Sin miedo, me veía a los ojos.  Quise preguntarle su nombre, pero me encontré sin fuerzas para hacerlo. El dolor de cabeza era terrible. Todos los que iban en aquel vagón debían de haber llegado hasta ahí como yo, en un barco, secuestrados, como prisioneros. En ese entonces, mi preocupación era que el viaje a través del Atlántico fuera a tener las mismas condiciones paupérrimas que tuvo el viaje con que nos sacaron en primer lugar de nuestros países de origen.
Lo siguiente que recuerdo es la salida de Nueva York. La noche anterior a la partida dormí en una detención llamada Ellis Island.  Salimos de Ellis Island y lo primero que noté fue la actividad frenética a través de toda la bahía. Soldados, ingenieros, vehículos y material bélico, todo cargado en los barcos que se nutrían en el puerto. Las horas que estuvimos ahí, la actividad no cesó ni por un segundo. 
Nos montaron en un barco llamado el Gripsholm, que sería el encargado de hacer el cruce transatlántico.  Nos aseguraron que el barco, de bandera sueca y con la palabra DIPLOMAT pintada ampliamente en sus costados, haría el viaje sin correr ningún peligro.  Una vez que zarpamos, desde la cubierta se podía observar toda la increíble actividad de la bahía de Nueva York. Por doquier que miraba se observaban convoyes militares, cientos de barcos de guerra y mercantes, un ir y venir de naves impresionante, danza en la cual nuestro barco era tan solo una más de todas las embarcaciones que flotaban en el mar, cada una con su propósito particular, pero sin duda todas con un fin relacionado con la guerra. Hasta ahora que escribo estas palabras caigo en cuenta de que en menos de dos años, crucé los Estados Unidos de oeste a este y surqué el Pacífico, y luego el Atlántico, en un viaje que nunca imaginé fuera a hacer.  Y sin embargo, mis anhelos son más sencillos y descansan a la par de un cafetal o una milpa, o un viaje en una panga o velero en Puntarenas.  Sencillo y mío.  
 Una vez en aguas internacionales, el trayecto fue relativamente tranquilo.  Era un mar gris y arrugado, de esos que explican por qué hay lugares que se les llama Mar de Plata, por ejemplo.  El bamboleo de las olas fue más fuerte que en el viaje que me llevó de Costa Rica a Estados Unidos, pero era una nave de comodidad superior.  Las diferentes estancias del barco mostraban que habían sido diseñadas para lujosos viajes transatlánticos, y de ese lujo quedaban todavía reflejos en la labor más modesta de ahora, repatriar gentes a Alemania.  Fueron días extraños, como feriados.  Los niños jugaban ante la lenidad de la tripulación sueca, y la mayoría de los tripulantes estaban en apariencia calmos, pero sé que como yo, vivían preocupados por conocer qué iba a ser de nosotros una vez que llegáramos al Viejo Mundo. Si bien era la tierra de mis padres, yo sentía claramente que no era mi tierra y la realidad no tardaría en confirmármelo.   
Mi afinidad por las excursiones de pesca en velero y panga en Puntarenas no me ayudaron con los vómitos en que en ocasiones incurrí, a causa de unas terribles náuseas.  Recuerdo que escribí una serie larguísima de cartas a Beatriz que se me mojaron, lo que destrozó el papel y disipó la tinta.  Quise volverlas a rescribir, tal vez debería hacerlo ahora. Pero no tiene caso, está prohibida la correspondencia hacia un país enemigo.  Una bomba cayó cerca, no hay luz, ahora trato de escribir a ciegas sin perder la línea...
Vuelve el fluido eléctrico, me corrí dos reglones.
Tocamos tierra nuevamente en Lisboa, Portugal. De ahí el viaje fue también en tren. Cruzamos rápidamente Portugal, y España, hasta llegar a Biarritz en Francia. Para esto ya estábamos bajo la vigilancia alemana.   Por la ventana se sucedían los paisajes de la Francia ocupada.