7/02/2011

Como la trompeta de Miles


El pedo que se tiró el tipo del orinal del lado me recordó el sonido de la trompeta de Miles Davis. No el Miles de Kind of Blue, sino uno más atorrante, como el de The Man with the Horn. Aunque si se examinaba mejor, fue un pedo que invitaba a emular el mood de So What. Yo esperaría que Miles no lo tome a mal. Se necesita confianza y familiaridad para disfrutar de tal comparación sin rencores.

Pensaba eso mientras me subía la jareta. Los dedos conceptualmente sucios, según las indicaciones del Ministerio de Salud, por lo que paso seguido, me acerqué al lavatorio para asearme las manos de aquellos villanos invisibles. En ese momento, el intérprete del cornetazo se colocó en el lavatorio de la par. No lo quise mirar, ni a la cara y menos a los ojos, para no marcar mi memoria con su rostro de criminal.

Y mientras frotaba mis manos y hacía espuma con el jabón líquido que obtuve del dispensador estándar, me entretuve recordando como en mi adolescencia, mis amigos y yo en nuestra jerga púber denominábamos las flatulencias como pedales, y desde entonces asocié el movimiento circular del pedaleo de la bicicleta, con el movimiento de una ametralladora del siglo XIX, de esas que eran accionadas por alguien que hacía girar una palanca que parecía un pedal de bicicleta.

Así, abrí la puerta para salir de la batería de baños, le cedí el paso al perpetrador de aquel Hinderburg a escala, y sonreí agradecido por la cadena de recuerdos y asociaciones, incluida la trompeta de Miles.

6/03/2011

¡Cabanga!





Cabanga:
¡Qué palabra tan maravillosa! ... si es que existe... pero la usamos (un grupo pequeño de humanos) y por lo tanto para quienes nos da sentido, existe.

La busqué en el RAE (por esa mania sumisa y educada) y dice:
“cabanga.
f. C. Rica. Melancolía, tenue tristeza, añoranza, nostalgia.”

Lo curioso es que entre las respuestas de google (oráculo del siglo 21...) también apareció la siguiente referencia en wikipedia (demi-god de nuestra era):
“Cabanga is an African word meaning ‘to think’ or ‘imagine’ - dependent on the context. The word has its origin in the Bantu languages of southern Africa, specifically Zulu, which is the most widely spoken home language of South Africa.”
De solo imaginar la posible conexión entre ambas, me genera un enorme placer de hibridación... casi sexual...
...y no es que ande acabangado...

4/27/2011

A su Majestá, el Dalia Lama





Estimado Sr. Lama:

Esta Semana Santa que recién pasó, lo tuve muy presente.



Confieso que fue porque vi “El Pequeño Buda de Bertollucci” y “Siete años en el Tibet” con Brad Pitt en su versión más macho ―en cuanto a tinte y virón―.
Estas pelis me recordaron lo buena nota que son ustedes los tibetanos, así, pacíficos pero de a de veras, “con jundamento” hubiera dicho una antepasada.

Si a los cristianos nos piden poner la otra mejilla, pues ustedes ponen la otra mejilla y el cuerpo entero, y no pierden la paz interna. ¡Se quedan más cool que Shaft!

Y aunque es nada más y nada menos que China el matón que al que ustedes se le plantan, pues no dejan de usar sus las defensas de la paz, el amor, el entendimiento y la autoridad moral. Así como a lo hippie pero sin la greñas ni la mota ¡Así o más tuanis!


La vara es que me puse a pensar: “Di, Dalai, si sos master en combatir invasiones foráneas, con más de seis décadas de pleito con los chinos... ¿por qué no ayudás en el despich de Calero?!!! Así como mediador de honor o algo.


Sí, ya sé que te pateamos por Detroit, cuando la Paloma de Oscar no te dejó venir a visitarnos, carboneado por los mismos chineses, a cambio del super mega estadio-joya-arquitectónica tan chiva donde Messi no jugo, Hannah ganó, y Shakira se meneó. Pero vos más que nosotros sos bueno pa perdonar, así que, perdonanos (en especial a Oscar) y echanos una manita con Calero.


Tal vez vos nos podés dar un poco de “junadamentos” pa ese miche. Es que nosotros nos vestimos de blanco, y tiramos a los chiquillos a marchar a medio día, pero a decir verdad, yo creo que ni tenemos claro porqué eliminamos el ejército.


Y si bien hablamos de paz, ahí pasamos dándonos de mecos con la doña, que bajonazos, que secuestros, que el narco aquí, que los sancarleños y los heredianos se matan en el estadio, matándonos borrachos en la calle, que la quema de Judas etc. etc. etc, “Paz éste... ¡mírela!” diría más de un saprisista.


Diay mae, usted sabe como es... Al ratón teus nos echa un poco de filosofía sobre la paz, y ahí le vamos agarrando el toque a la vara. A llevar la cruz con alegría... en fin vos entendés...


Bueno mae, se despide su servilleta. Cuidate y ahí me decís si te das la vuelta. Yo creo que Laura sí te deja entrar.

PD: de paso, si vas a una de esas conferencias de líderes religiosas super pichudos de, esas que a veces hay, decile a Benedict que se deje de varas con el condón, la marihuana y los in vitro y que pare la joda contra los maricones!!!

3/10/2011

¿Carreras de bicicletas o banquetes?


Escribió Kundera lo siguiente, novelando un personaje de sí mismo en "La Inmortalidad" (y no creo que Gallimard o Tusquets me reclamen el copyright, porque más bien le hago bombo... si el hombre no da entrevistas porque dice que lo citaban mal... así que aquí va textual):

“Pero lamento que casi todas las novelas que alguna vez se han escrito sean demasiado obedientes a la regla de la unidad de la acción. Quiero decir con eso que su base es una única cadena de actos y acontecimientos unidos por una relación causal. Esas novelas se parecen a una calle estrecha por la que alguien hace correr a latigazos a los personajes. La tensión dramática es la verdadera maldición de la novela porque lo convierte todo, incluidas las páginas más hermosas, incluidas las escenas y las observaciones más sorprendentes en meros escalones que conducen al desenlace final, en el que está concentrado el sentido de todo lo que antecedía...

...Una novela no debe parecerse a una carrera de bicicletas, sino a un banquete con muchos platos.”

Una vez escuché, no recuerdo a quien, decir que hay dos maneras de disfrutar los libros. Una es la que los devora precipitándose hacia el final, porque existe una intriga, un misterio, una secuela, que queremos descifrar y que cuando se revela o se cierra el círculo ante nosotros nos genera placer, y de ahí el efecto de movimiento hacia adelante (truco adoptado por Hollywood ad nauseam). El libro se disfruta, se termina, y se coloca en el estante (o se apaga en kindle...)


La otra, es la experiencia del libro que no queremos terminar, que leemos poco a poco, y que nos acongoja conforme se nos van agotando las páginas, el espesor de hojas que está acumulado a la derecha del separador se va haciendo pequeño, y sin haber terminado la obra, ya sentimos nostalgia por la experiencia que nos hizo sentir, o los lugares que nos llevó.


¿Carreras de bicicletas (como en los cuentos de Hemmingway cuando describe las carreras en París, en la época en que los ciclistas llevaban el neumático de respuesto en la cintura) o banquetes como los hay en la literatura (filosóficos, canibalísticos, victorianos o sexuales)?


Kundera es un esencialista, y como se podrán imaginar de su cita anterior, tiene su propio fallo:


"La época actual se lanza sobre todo lo que alguna vez fue escrito para convertirlo en películas, programas de televisión o imágenes dibujadas, pero como la esencia de la novela consiste precisamente sólo en lo que no se puede decir más que mediante la novela, en cualquier adaptación no queda más que lo inesencial".






2/07/2011

Las costumbres de Rodrigo Arias




Esta no es la primera vez que Rodrigo Arias Sánchez hace noticia a partir de un telefonazo.

El 22 de julio de 2005, La Nación informó: ‘Un abogado del bufete Facio y Cañas facturó $15.000 por "honorarios de éxito" para él y para Rodrigo Arias Sánchez, por sus gestiones para obtener el refrendo de la Contraloría a un contrato entre la Municipalidad de San José y la empresa EBI, en julio del 2001’.

Entre estas “gestiones” salió a relucir una controversial llamada que en aquella ocasión Rodrigo Arias había hecho al Contralor de la República de entonces para conversar del contrato, y si bien se facturaron los honorarios de éxito, siempre se negó que existiera alguna influencia sobre la decisión del ente Contralor.

Rodrigo Arias alegó en aquella oportunidad: “yo dentro de ese contexto de amistad es que lo llamo a la Contraloría, pero no lo llamo como a un contralor, lo llamo casi como el amigo mío".

Es decir, cuando el ex ministro de la presidencia llamó al Ministro de Seguridad Tijerino, para “averiguar el estado del caso en su contra”, y coincidentemente, el nuevo Fiscal General Chavarría pidió frenar la indagatoria en contra de Arias Sánchez por peculado, no es estamos frente al primer telefonazo amistoso de Rodrigo Arias.

Similar sucede con el caso de las llamadas de los dos Arias a la Procuradora de la República en el caso de la Mina Crucitas. (Dato curioso: el gerente de Ebi de allá en 2001 es el mismo de la Mina Crucitas en el presente.)

Hay políticos que ven esta mezcla de relaciones amistosas, de intereses personales y privados cruzando y atropellando el interés público como algo normal, hasta deseable. Esa tesis la sostuvo un conocido político costarricense no hace mucho:

“Como ha quedado demostrado no hice nada diferente a lo que hacen y han hecho otros profesionales que han ocupado altos cargos en la administración pública, y que una vez terminada su función retornan a su práctica privada. José María Figueres, don Rodrigo Arias, el ex Magistrado Fabián Volio, decenas de ex funcionarios como Eduardo Lizano, han prestado asesorías y han recibido sus honorarios profesionales sin que se haya dicho ni que es ilegal y mucho menos inmoral. Más aún, muchas de estas asesorías están relacionadas con el Estado o sus Instituciones; yo en cambio presté una asesoría a una empresa privada que es quien cubre mis honorarios. ”

Eso declaró Rafael Ángel Calderón el 21 de setiembre de 2009 en el juicio Caja-Fishel.

La otra cara de la moneda la expuso bien Walter Reiche (Proa diciembre de 2009): “...si usted no forma parte de ese selecto grupo de empresarios que tienen acceso a ese nivel político superior, no va a poder hacer negocios importantes con el Estado”

Esa es la mezcla entre influencia, poder y en veces negocios. Costumbre es aquello que se convierte en un hábito, es cuando se actúa más de una vez de cierta manera determinada. Maña, por otra parte, se le llama a la mala costumbre.

El actuar conforme a la moral en una sociedad no está determinado por normas de piedra escritas en un libro universal, sino por las voluntades de hombres y mujeres que pugnan y procuran estándares para una mejor vida para el individuo y para el colectivo.

A Rodrigo Arias ―y a quienes lo acuerpan― les parece normal “la costumbre” de levantar el teléfono y contactar figuras públicas amigas para resguardar sus intereses personales y privados.

Por otra parte, muchos costarricenses, entre los que me cuento, consideramos que eso es una maña inmoral, que afecta el funcionamiento deseable de las instituciones de la República y que atropella a la población general. Una maña más entre otras tantas que mientras no sean desterradas de Costa Rica, nos condenan a seguir sumidos en el subdesarrollo mediocre y evidente en que vivimos, aunque nos quieran vendar los ojos con señuelos de progreso, como carreteras mal hechas y estadios regalados.

La lucha entre esas dos visiones es la que sigue vigente, pero que ahora se avecina a nuestro país con mayor fuerza que nunca.